Obras desde la ventana

Hace no más de una semana, cuando llegue a casa me encontré con la calle totalmente desierta, sin ningún vehículo aparcado ni circulando asique supuse que algo iba a pasar.

Hace no más de una semana, cuando llegue a casa me encontré con la calle totalmente desierta, sin ningún vehículo aparcado ni circulando asique supuse que algo iba a pasar.

Estuve atento, y alrededor de las doce de la noche comenzó el trabajo. Buena hora para no entorpecer la circulación ya que a esas horas el tráfico es menor, pero no tan buena para los trabajadores, ya que supongo que no es lo mismo trabajar a plena luz del día que en la oscuridad de la noche.

Sobre las doce de la mañana pasó la fresadora para eliminar las zonas defectuosas del firme antiguo, evitar la sobreelevación del nuevo firme en algunas zonas y favorecer la adherencia entre ambas capas, la nueva y la vieja y tras ella la barredora.

Ya por la noche empezaron a llegar el resto de las máquinas de construcción de firmes flexibles. Primero, la cisterna de riego de imprimación, más tarde, la extendedora (en este caso de ruedas). Detrás de ella, cuando ya había un margen de trabajo empezó a pasar el rodillo vibratorio metálico para compactar la capa más profunda (ya que saca el ligante) e inmediatamente después, la compactadora de neumáticos, de mayor tamaño que la de rodillos.

Al cabo de dos o tres días y también por la noche, pintaron las líneas centrales, de aparcamiento, pasos de cebra…

Debo reconocer que fue una experiencia bastante bonita ya que está muy ligada al futuro de mi profesión.