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            Los resultados cosechados por el PSOE en las últimas cuatro elecciones celebradas en España constituyen los peores obtenidos por ese partido en toda la historia de nuestra reciente democracia, y certifican una crisis sin precedentes que podría estar anticipando, por increíble que nos pueda parecer todavía al día de hoy, la desaparición del partido o su descenso a rangos de partidillo testimonial.

            La pregunta que más veces nos hacemos hoy es la que se cuestiona por el responsable de esta situación, y la respuesta a ella parece ser siempre la misma: su actual secretario general Pedro Sánchez. Y Pedro Sánchez es, desde luego, responsable: responsable por omisión, diría yo, por haber sido incapaz de ejercer el liderazgo y articular el mensaje que ese partido en descomposición necesita en un momento como el actual, por lo que su dimisión es, de todo punto de vista, oportuna y aconsejable. Como la del entrenador del equipo que se va a Segunda.

            Ahora bien, siendo “responsable”, Sánchez no es “EL RESPONSABLE”. Porque “EL RESPONSABLE” de la actual situación del PSOE no es otro que el Sr. Rodríguez Zapatero con la política nefasta que no sólo para España, como todos sabemos sobradamente, sino también para su propio partido político, como al día de hoy tenemos ocasión de constatar, llevó a cabo durante siete años.

            Rodríguez Zapatero, -probablemente el más nefasto político alumbrado en Europa desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial-, utilizó al Partido Socialista Obrero Español en beneficio de su propio interés y con el único objetivo de hacer posible una presidencia suya que, o no debió producirse nunca, o como mucho, debió llegar cuatro (u ocho) años más tarde.

            Rodríguez Zapatero convirtió un partido que trabajaba no sin dificultades por adaptar sus hechuras y comportamientos a los de sus homólogos socialdemócratas europeos, en un partido abandonado a la extrema izquierda y a los nacionalismos periféricos disgregadores, resucitando y alimentando todo el discurso del odio ancestral del primer tercio del s. XX español y del disenso territorial en aras de un solo beneficio: no el de España, desde luego; no, ni siquiera, el de su partido, como algunos quisieron creer; sino el suyo propio. Con un comportamiento que, curiosamente, vino a demostrar la veracidad de aquella teoría del entonces Presidente Aznar cuando, puestos a comportarse como los más nacionalistas entre los nacionalistas, invitó a los responsables del Partido Socialista de Cataluña a andarse con cuidado, que “para votar la fotocopia, sus votantes podían preferir votar al original” (entonces ERC, hoy ni siquiera). Dicho y hecho: Zapatero convirtió a su partido en un partido de extrema izquierda, y sus ayer electores ya no votan hoy PSOE, sino partidos de extrema izquierda; Zapatero convirtió a su partido en un partido nacionalista, y sus ayer electores ya no votan hoy PSOE, sino partidos nacionalistas.

            Todavía recuerdo cuando Rasputín-Rubalcaba, con esa perfidia y supuesta astucia que no sólo le reprochaban sus enemigos, sino que le jaleaban también con tanta devoción sus partidarios, declaraba que sí, que iba a reprimir los movimientos del 15-M nacidos en la Puerta del Sol, pero que lo iba a hacer “con inteligencia”. Una declaración que el periodismo pesoitófilo y rubalcabita presentó como que lo iba a hacer de manera que el orden público no se resintiera, pero que en realidad, contenía un mensaje críptico a sus electores, con el que quería decirles que no se preocuparan, que lo que acontecía en algunos lugares de España y el PSOE consentía y jaleaba, no habría de redundar sino en beneficio del propio PSOE. ¡Alfredito, Alfredito, pero que listo que eres!

            El vino de Jerez tiene una particularidad: es el único, o uno de los pocos, donde cada añada no se realiza en barriles nuevos y lavados, sino en barriles en los que siempre queda un tercio del vino viejo, lo que se da en llamar “la madre”, sobre la que se echa el vino nuevo. Por eso, en las botellas de vino de Jerez, verá Vd. un dato que no verá en otros vinos: el de la “solera”, a saber, el año en el que el barril (o bota) empezó a funcionar y en el que añada a añada, se ha ido pagando ese peaje llamado “la madre” que castiga a los bodegueros de Jerez a vender sólo dos tercios de su producción, dejando el tercero para la cría de las nuevas generaciones de vino. La madre, como ocurre también con los seres humanos, es lo más valioso que tiene el vino de Jerez. A ningún bodeguero de Jerez se le ocurre vender la madre. Porque aunque la madre es cara y podría hacerle rico en un momento, es también la clave sobre la que reposa el futuro de la empresa y con ella, la del empresario devoto y responsable. Pues bien, Zapatero, -y Rubalcaba con él-, vendieron la madre del PSOE. Ellos se hicieron ricos, pero a la empresa, el Partido Socialista Obrero Español, la arruinaron. Y así está.